De aquel amor ...
Justo en este instante, parada en medio de las calles vacías
de Lima, Estella estaba recordando.
En la radio de algún auto, que ella no se había molestado en
buscar, la voz de Cerati salía por las bocinas, a Estella se le calentó el
corazón.
Como cuando de pronto hueles algo y tu cerebro te dice este
es el olor de tu salón de clases de primaria o cuando miras la cara de alguien
y te acuerdas de la cara que se parece a esa señora que atendía la tienda de
enfrente de tu casa hace seis años, justo en este momento el cerebro de Estella
le decía he aquí la canción que escuchaste cuando conociste al muchacho del que
te enamoraste por primera vez.
De aquel amor de
música ligera
Nada nos libra, nada más
queda
No le enviaré cenizas
de rosas
Ni pienso evitar un
roce secreto
De aquel amor de
música ligera
Nada nos libra, nada
más queda
Estella empezó a tararear la canción mientras oía el auto
alejarse, le traía muchos recuerdos de su juventud y se le estrujaba el
corazón.
A estas alturas le causaba gracia recordarse a sí misma, una
muchacha alborotada y enamoradiza, su corazón había encontrado hogar en Fredy
Balcázar un muchacho apuesto y risueño que había conocido en una fiesta de la
universidad. Él la había querido y ella lo había querido, eso era lo único que
podía permitirse recordar. El 18 de julio de 1992 despareció junto a ocho
compañeros de clases y su profesor, nunca más lo volvió a ver…
Cuando Estella regreso a casa busco el CD de Soda Estero que
Fredy le había regalado en San Valentín y en la comodidad de su hogar ,cenó con
sus hijos mientras que escuchaban la voz de Cerati que repetía una y otra vez
que ese amor había sido de música ligera.
natalia

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